¿Instalación eléctrica monofásica o trifásica?

Publicado el : 20/05/2022 16:48:28
Categorías : Bricolaje , Hogar

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Aunque en el ámbito de la corriente eléctrica se suelen utilizar conceptos bastante técnicos, es importante conocer algunas nociones básicas para saber cómo funciona la potencia de una vivienda. Además, de este modo también es posible entender algunos apartados de la factura de la luz. 

Las instalaciones de la electricidad varían en función del número de conductores que albergan para transportar la energía. Las dos modalidades más comunes son monofásicas y trifásicas, cada una con unas particularidades concretas para abastecer diferentes tipos de inmuebles. 

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¿Qué es una instalación monofásica? 

Un sistema monofásico utiliza una única fase y una corriente alterna. En este caso, la tensión oscila entre 220 y 230 voltios. Se puede identificar fácilmente comprobando que los interruptores del cuadro de la luz son dobles. 

En estas instalaciones pueden existir dos o tres cables. En el primer caso, uno de color marrón por donde circula la electricidad y otro azul que es el neutro. Si se trata de un modelo tripolar, también se encuentra un cable amarillo o verde que hace referencia a la toma de tierra y que se encarga de proteger los aparatos conectados frente a posibles subidas de tensión. 

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¿Dónde se usan las instalaciones monofásicas? 

Este tipo de sistemas se emplean habitualmente cuando la potencia de la instalación eléctrica no es muy alta, sobre todo en casas y pisos particulares independientemente de su tamaño. También se utilizan en aquellos inmuebles donde el consumo habitual no es demasiado elevado o cuando no existe un gran número de electrodomésticos que necesitan bastante energía. Del mismo modo, es una opción viable cuando se pretende conseguir un ahorro en la factura mensual. 

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¿Qué es una instalación trifásica? 

Como su nombre indica, esta instalación tiene 3 cables de fase (más uno de neutro) y 3 corrientes alternas, lo que divide la potencia de la red en 3. Como consecuencia de ello, cuenta con la capacidad suficiente para alcanzar una tensión superior de hasta 400 voltios. 

La principal ventaja que ofrece esta alternativa hace referencia a la posibilidad de transmitir más electricidad sin sufrir demasiadas pérdidas y utilizando menos cobre en los conductores. Junto a ello, la producción de energía de este modo implica un proceso más sencillo, ya que la corriente circula por cada una de las fases. 

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¿Dónde se utilizan las instalaciones trifásicas? 

Este sistema se usa sobre todo en establecimientos, centros comerciales, naves industriales, fábricas, edificios de oficinas, etc. No obstante, también se pueden encontrar en viviendas y locales que requieren un abastecimiento de energía eléctrica superior. En general, en aquellos lugares donde se emplean grandes motores y equipamientos eléctricos, así como en las áreas que están alejadas de los puntos de conexión con la distribuidora, como es el caso de las zonas rurales. 

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¿Se puede pasar de una instalación trifásica a monofásica y viceversa? 

En una vivienda con un consumo habitual medio, lo más recomendable es elegir un sistema monofásico para ahorrar energía. Por el contrario, si se trata de la red eléctrica de una empresa o se tienen multitud de aparatos conectados con un alto consumo, la mejor opción es la instalación trifásica. 

Teniendo esto en cuenta, si se quiere adaptar una instalación trifásica a monofásica es preciso cambiar el cuadro de la luz, así como el cableado y los aparatos eléctricos. Dada la reforma que se debe realizar, solo se aconseja ejecutar dicho cambio cuando se lleva a cabo una obra de gran medida en el inmueble. 

En el supuesto contrario, es decir, para pasar de un sistema monofásico a trifásico también es necesario efectuar un importante desembolso. Igualmente, esta modificación implica una variación en la instalación

No obstante, a la hora de cambiar la potencia es posible hacerlo sin ningún problema siempre que se tengan en cuenta los límites que permite cada tipo de instalación. Siempre que se baja supone un ahorro importante en la factura de la luz, aunque un descenso considerable puede derivar en que salten los plomos constantemente. 

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